Liederabend con un fortepiano histórico

Lieder de Beethoven, Schumann y Schubert

 

“Amo a los árboles más que a las personas” L. v. Beethoven

La música

 

A principios del siglo XIX se sienten todavía en Europa los ecos de la Revolución Francesa que había conmovido los espíritus. En la historia de la música nos encontramos aquí con la imponente figura de Beethoven quien en gran medida ha representado el ideal del artista del siglo 19.

 

El individualismo como forma de expresión se coloca en el punto central y de esta manera, todo está referido a él, como si todo comenzase y terminase en el propio corazón del artista: “¡Yo mismo!””¡Mi corazón!”, “¡Mis sagrados sentimientos!”

 

La música de Schubert adquiere pleno significado en el territorio del canto y aquí, muy especialmente en la canción alemana, el “Lied”: la lírica musical hace en ese momento furor en las salas de concierto.

 

Schumann podría calificarse en cambio como un “poeta del piano”.

Él considera y trata a menudo la melodía como “la voz del interior”.  Esto representa claramente el carácter romántico de la melodía, el tono romántico.

 

La voz interior es a la vez la del interior del hombre así como la del de la naturaleza, la “canción que duerme en todas las cosas”, el “suave sonido en todos los tonos”.

 

Dentro de esa voz interior siente el romántico todo lo existente, a toda la creación unida.

 

El texto del “Liederkreis op. 39” de Schumann habla de la experiencia de descubrir que no hay nada que sea como parece: de que detrás de lo verdadero, lo bueno y lo amado crecen lo gris, la traición y la pérdida. Que con cada nacimiento está implicada una muerte. La única protección contra esto es el recogimiento en si mismo: insomnio, desconfianza, soledad.

 

 

El instrumento

 

El fortepiano de mesa que utilizamos en este programa ha sido construido en el año 1824, es decir, antes de la muerte de Schubert e incluso de la de Beethoven y es totalmente representativo de la música de Schumann.

 

Quizás un instrumento más grande, con “cola” y numerosos pedales para efectos dinámicos de piano, pianissimo o expresiones extremas, de alrededor de 1815 fuese más adecuado, al menos para Beethoven y Schubert, pero el relativamente pequeño fortepiano de mesa, con un solo pedal, era el instrumento “de casa” por excelencia en aquel tiempo y nos muestra aunque más no sea una pequeña parte de las posibilidades de un gran fortepiano.

Es posible obtener numerosos registros y posibilidades sonoras dinámicas así como un “carácter propio”. Su sonido nos transporta hacia atrás en el tiempo, como si estuviésemos en una velada de Lied de ese entonces.

 

El ideal de sonido de aquel tiempo no era el igualado, homogeneizado y pomposo de los pianos de concierto de hoy en día sino el de un contraste entre claro y oscuro, piano y forte, chirriante y tintineante o como de cuerdas frotadas e incluso la idea de instrumentos de viento era lo que esperaba el espectador del romanticismo temprano.

 

En un fortepiano podemos todavía escuchar el eco de un  clavicémbalo. También la mezcla de sonido propia de las bandas de vientos “Harmonien” era el ideal.

 

Un instrumento de estas características no es sólo un acompañamiento para un cantante, sino que significa un hacer a dúo, un cantar con y “en” el instrumento. Se deja guiar, se deja acompañar, se acompaña a si mismo e intenta volverse parte del teclado. Se trata entonces de un recorrido a tres: fortepiano, cantante, público.

 

Como se puede observar el la imagen de la "Schubertiade”, como se llamaban entonces las reuniones de amigos en casa de Schubert, era normal el recital de Lied en ambiente íntimo. En relativamente pequeños salones en lugar de los inmensos auditorios de hoy en día. Eran el sitio para el Lied, el recitar de poemas, la lectura de textos y el estar juntos. Los espectadores y el cantante se ubicaban alrededor del fortepiano de manera relajada lo que permite un ambiente musical mucho más vivo.

El cantante recita leyendo desde las partituras en el fortepiano las nuevas poesías.

 

No pretendemos recrear un escenario igual que en una “Schubertiade” de aquellos tiempos pero nos gustaría despertar la atención en todas las facetas y originalidades de la música. Inclinarnos un poco en la destinación en la que el Lied se encuentra “en casa” y puede desarrollarse en su verdadero espíritu romántico temprano y no post romántico.

 

a.s.a

 

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